Después de diez años y diez meses Metallica volvió a Venezuela. La banda norteamericana se presentó en los Campos de Beisbol de La Rinconada, exactamente a setenta metros (70 m.) de la ubicación prevista originalmente, como ya había informado la promotora encargada del evento: Evenpro.La entrada y los teloneros
Una gran cantidad de personas empezaron a llegar desde temprano, colocándose detrás de algunos fans quienes -supuestamente- llevaban días acampando en el lugar, a la espera de que el gran acontecimiento se realizara. Múltiples personas de distintas generaciones se reunían y la fila crecía y crecía, demostrando la gran convocatoria que sigue teniendo esta leyenda viviente del Metal mundial. Y así, desde las horas matutinas, los futuros espectadores del concierto comían, hablaban, bebían y pacientemente esperaban a que se les permitiera entrar al recinto. A las dos y media, aproximadamente, empezó la primera movilización hacia los diversos "filtros" en donde se revisaban las entradas y, muy por encima, los objetos con los que entraría el público al campo.
El camino hacia el recinto, que cobijaría el concierto, tenía varias paradas y, en la última, casi una hora estuvimos parados sobre una pendiente, mientras la "ballena metropolitana" rociaba agua a los acalorados marchantes. Como siempre, algún desadaptado lanzó una botella de vidrio -que logró pasar los controles- contra el vehículo policial. Sin embargo, este tipo de sucesos fueron la mínima excepción frente al gran comportamiento de los asistentes. Una vez adentro, desde las cuatro de la tarde (4:00 pm.), las personas esperaban frente a la tarima, respetando la barrera que separaba General de VIP (por primera vez), ansiosos por el inicio del concierto que tenía previsto, en su cartelera, a la nacional Dischord y a los estadounidenses Mastodon, junto -por su puesto- a las agrupación estelar ya mencionada.
Los venezolanos comenzaron su concierto a las siete mostrando toda la energía que poseen. El público -en su mayoría- siguió este concierto con el acostumbrado headbang y terminaron coreando el nombre de Venezuela para despedir a una banda que tuvo que pasar por ciertas penurias técnicas, las cuales, incluso, en algunas ocasiones silenciaron su toque. A pesar de esto la agrupación mostró su contundente sonido y salió, diría yo, airosa. Un buen fogueo sin duda para estos compatriotas, quienes -por supuesto- deben mejorar algunas cosas (como su interacción con el público), pero que al final dejaron que su velocidad y fuerza envolvieran a los oyentes.
Seguidamente apareció en la escena Mastodon. La banda también sufrió de un sonido que le restó poder y de las pantallas laterales que mostraban tomas que poco ayudaban; además empezó un poco fría, pero después fue mejorando hasta terminar de la mejor forma, interactuando con el público para después despedirse en un perfecto español; mejor, diría yo, que el manejado por el propio Trujillo (aunque, seamos sinceros, no es tan difícil esto último). Mastodon había terminado sus nueve canciones y comenzaba el break que pronto terminaría con el comienzo del momento más esperado de la noche.Por Manuel Ferreira





































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