martes 26 de junio de 2007

Cementerio de Vaugirard - E. Montejo

Eugenio Montejo es un poeta y ensayista venezolano nacido en Caracas en 1938. Su obra ha cobrado gran importancia con el paso de los años, hasta el punto de ganar el premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo 2004; galardón que lo coloca (a Montejo) en un puesto privilegiado dentro de las letras venezolanas. Internacionalmente ya se reconoce a Montejo como un gran escritor que ha brindado aportes significativos a la literatura latinoamericana. La calidad de este escritor se deja divisar en su obra, que cuenta con libros de poesía como Élegos (1967), Muerte y memoria (1972), Algunas palabras (1977), Terredad (1978), Trópico absoluto (1982) y Alfabeto del mundo (1986). Es autor también de importantes ensayos como La ventana oblicua (1974), El taller blanco (1983) y El cuaderno de Blas Coll (1981). Montejo, además, se desempeñó varios años como embajador de Venezuela en Lisboa y ha obtenido varios reconocimientos literarios, a parte del ya mencionado.

Por todo lo dicho, hoy traemos un poema del notable escritor venezolano para que nuestros lectores se deleiten con sus versos. Si desean saber más de este hombre, de él y su obra, pueden hacer click aquí y para ver la noticia (ya antigua) de la obtención del premio Octavio Paz pueden visitar este link que le brindamos, donde aparece la reseña que dio la página Letralia, tierra de letras.

Premio Octavio Paz

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Cementerio de Vaugirard

Los muertos que conmigo se fueron a París
vivían en el cementerio Vaugirard.
En el recodo de los fríos castaños
donde la nieve recoge las cartas
que el invierno ha lacrado,
recto lugar, gélidas tumbas, nadie, nadie
sabrá nunca leer sus epitafios.

Un alba en escarchas de mármol
y el helado aguaviento
soplando sobre amargas ráfagas,
Alba de Vaugirard, rincón donde la muerte
es una explosión interminable. Piedras, huesos, retama.
¿Quién oía el tintinear de sus pailas
a la sagrada hora del café
cuando son interminables sus chácharas?
¿Qué silencio tan hondo allí suplía
el cantar de uno solo de sus gallos?

Muertos de sol, de espacios, de sábanas,
muertos de estrellas, de pastos, de vacadas,
muertos bajo tierra a caballo.

Los muertos que conmigo se fueron a París
vivían en el cementerio Vaugirard,
estéril pabellón de graníticas tapias.
¿Qué queda allí de esa memoria
ahora que la última luz se ha embalsamado?
¿Qué recordarán sus camaradas
de sus voces, de sus humildes hábitos?

Alba de Vaugirard, niebla compacta,
amistad con que la luna clavetea las lápidas,
¿qué quedó allí de aquellos huéspedes
agradecidos de tanta posada?
¿Qué noticias envían ahora lejanos
a los caídos, a los vencidos, a los suicidas olvidados?

Un alba en escarchas de mármol
y el helado aguaviento
soplando sobre amargas ráfagas.
Oscuro lugar donde la muerte
es una explosión interminable
sobre recuerdos, átomos, retama.
¿Qué permanece de tanta memoria?
¿Quién llega ahora a oír sus chácharas
cuando la nieve recoge las cartas
que el invierno ha lacrado? Nadie, nadie
sabrá nunca leer sus epitafios.

Poema de Eugenio Montejo

Por Manuel Ferreira

1 comentarios:

Eligreg dijo...

Montejo... Metzlei y Sagoth en la misma página...
Solo por este pequeño motivo te agregaré a mi lista de blogs recomendados. El metal y la literatura se tienen que unir más.