domingo 4 de marzo de 2007

Spleen - Charles Baudelaire

Un poeta maldito, un escritor grandioso... Charles Baudelaire sin duda es uno de los grandes poetas que han existido; fue un hombre que se inspiraba en lo más bajo del ser humano, en los ambientes más sórdidos, para producir belleza, para brindar el arte que puede nacer de los sitios más oscuros. Hoy deseo publicar uno de los poemas que más me gustan de él, hoy quiero compartir con todos los lectores un poema que muchos conocerán y que de seguro todos disfrutarán. La idea es hablar del poema, comentarlo y, por supuesto, deleitarse con los excelentes versos del poeta francés, de aquel hombre de bohemia que desde los excesos, que desde una vida extrema y adentrada en el libertinaje produjo una de las grandes e influyentes obras del siglo XIX.

Más adelante deseo publicar más poemas de este escritor que, particularmente, es mi poeta predilecto. Su obra es capaz de abatirme, de sumirme en tristezas, en recuerdos oscuros. Las líneas de sus libros me llevan a cráteres desiertos, donde los fantasmas de la memoria salen y se nutren de la labia hecha escritura, que una vez fue producida por la arrasadora pluma de un hombre que logró encontrar las riquezas que se esconden en las sombras.

Por Manuel Ferreira
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Cuando el cielo bajo y grávido pesa como una losa
sobre el espíritu gimiente víctima de largos enojos,
y que del horizonte abrazando todo el círculo
nos depara un día negro más triste que las noches;

cuando la tierra está cambiada en un calabozo húmedo,
donde la esperanza, como un murciélago,
se va batiendo los muros con su ala tímida
y golpeándose la cabeza contra los techos podridos;

cuando la lluvia extendiendo sus inmensos regueros
imita los barrotes de una vasta prisión,
y que un pueblo mudo de infames arañas
viene a tender sus hilos en el fondo de nuestros cerebros,

las campanas de súbito saltan con furia
y lanzan hacia el cielo un horrísono aullido
como los espíritus errantes y sin patria
que se ponen a gemir obstinadamente.

Largos coches fúnebres, sin tambores ni música,
desfilan lentamente en mi alma; la esperanza,
vencida, llora, y la angustia atroz, despótica,
en mi cráneo abatido planta su bandera negra

Poema de Charles Baudelaire (Las flores del mal)

9 comentarios:

Apocalypso Facto dijo...

Este poema está rudo y medio... oscuro, depresivo e inexorable. Excelente elección!

Manuel Ferreira dijo...

Es uno de mis favoritos (como dije). Que bien que te gustara la elección.

Saludos

Je est un autre dijo...

me gustaria ver la version en frances
saludos

Anónimo dijo...

Es indescriptible, es una voz callada en la brasas que crepitaron de la poesia, es Baudelaire..nuestra voz, nuestro silencio,la tan buscada muerte en letras!

Pintopa...

Manuel Ferreira dijo...

Pintopa...: tus palabras egalanan el blog, gracias por ellas.
je est un autre: La versión en francés no la tengo, pero la buscaré y si la consigo te la publico.

Saludos

Nina dijo...

Este poema de Baudelaire es sencillamente excelente, leer sus versos trasmite un dolor increíble, la carga de un peso indescriptible por parte de quien narra. Sus últimos versos son los mejores: "la esperanza, vencida, llora, y la angustia atroz, despótica, en mi craneo abatido planta su bandera negra", simplemente desesperanzador, funesto, crudo.

Manuel Ferreira dijo...

Gracias por comentar, Nina.

Es verdad, lo que logra Baudelaire con sus versos es indescriptible; no sólo en este poema sino en todos.

Saludos!

darkqueen dijo...

Muy buen poema!!

Les dejo la version en frances:

Quand le ciel bas et lourd pèse comme un couvercle
Sur l'esprit gémissant en proie aux longs ennuis,
Et que de l'horizon embrassant tout le cercle
Il nous verse un jour noir plus triste que les nuits ;

Quand la terre est changée en un cachot humide,
Où l'Espérance, comme une chauve-souris,
S'en va battant les murs de son aile timide
Et se cognant la tête à des plafonds pourris ;

Quand la pluie étalant ses immenses traînées
D'une vaste prison imite les barreaux,
Et qu'un peuple muet d'infâmes araignées
Vient tendre ses filets au fond de nos cerveaux,

Des cloches tout à coup sautent avec furie
Et lancent vers le ciel un affreux hurlement,
Ainsi que des esprits errants et sans patrie
Qui se mettent à geindre opiniâtrement.

- Et de longs corbillards, sans tambours ni musique,
Défilent lentement dans mon âme ; l'Espoir,
Vaincu, pleure, et l'Angoisse atroce, despotique,
Sur mon crâne incliné plante son drapeau noir.

Manuel Ferreira dijo...

Muchas gracias sinceramente, Darqueen. Gran aporte.

Saludos